miércoles, 18 de diciembre de 2019
Pseudo crónica, Costa Rica 1 - Paraguay 2
miércoles, 24 de agosto de 2016
Principio de reciprocidad
- ¡Ya quisieras vos! - me contestó tajantemente.
Y así, con dos enfáticos arañazos de gato, sacamos del anonimato a una estirada historia de tensión sexual no resuelta.
domingo, 26 de abril de 2015
Enchilada de papa
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Como los pasillos de Kubrick
sábado, 24 de noviembre de 2012
El escrinauta
domingo, 23 de septiembre de 2012
Apología del fútbol
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| Mi padre y el afro que yo nunca pude imitar. |
| En Costa Rica todo mundo mejenguea |
Escribió Eduardo Galeano: "¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales". Yo sé por dónde anda la remilga de estos detractores del llamado "deporte rey", y debo decir que entiendo y comparto algunas de sus razones: la transmutación del deporte en un negocio multimillonario y corrupto, la rídicula deificación de los futbolistas y su posicionamiento como estrellas o pseudocelebridades (especialmente en Costa Rica esto llega a niveles patéticos), la alienación de las masas o la bien llamada "autoestima futbolística", ese fenómeno que puede convertir a casi un pueblo entero en una mole amnésica, una criatura incapaz de darse cuenta de que (oh, la ironía) se la están bailando. Con todo y olé.
Pero esas razones probablemente nada tengan que hacer al lado de una pasión que es tan grande como inexplicable, una fuerza descomunal que muchas veces se manifiesta, por ejemplo, en el coordinado y estruendoso "¡uuuuy! que acompaña las jugadas de peligro, esa energía arrolladora que ya se desearía el más pintado de los directores coreográficos. Esta especie de impulso vital que mantiene al fútbol más vivo que nunca alrededor del orbe.
Había dicho que de pequeño me encantaba escuchar las historias de mi papá, pero eso no es completamente cierto. Aún hoy me encanta sentarme a la mesa con él e inventarle caras a los personajes que fue conociendo en sus andanzas futboleras. La última que le escuché fue la del, medianamente famoso, "Chinimba" (que, ojo, tiene hasta entrada en wikipedia. En inglés). Este hombre creció, cuando niño, viendo con ojos de hermano a quien en realidad era su madre. Pero ya estamos en tiempo de reposición y este relato bien lo podemos dejar para el próximo cotejo.
lunes, 6 de agosto de 2012
El fin de las amarguras
miércoles, 11 de enero de 2012
El caso del diamante robado
| Sonriente la Lucero. |
martes, 22 de noviembre de 2011
La fila del concierto

lunes, 14 de noviembre de 2011
Costa Rica, el recuento de los indignados.

martes, 1 de marzo de 2011
Tu nombre me sabe a yerba (de La Sabana)
¿Sabés
qué? Te perdono eso. Y te perdono también tu amistad con Oscar Arias, qué demonios. Al fin y al cabo para vos es otro intelectual de primer mundo, un premio nobel. Ignorás seguramente que el tipo se ha convertido en un megalómano neoliberal, y que por culpa de él y otros como él que han accedido al poder en los últimos años acá en Costa Rica se nos ha llenado de pobres el recibidor. Y perdoná que te lo mencione ahora, pero es que entre esos tipos y yo hay algo personal.
Comenzás a cantar para la libertad, y para nosotros, muchedumbre agolpada y maravillada con tu magistral talento que no merma a pesar del (evidente) paso de los años. Aún tenés esa tendencia a ser un soñador de pelo largo pero hay un gran agujero en tu cabeza, ahí donde alguna vez hubo una cabellera generosa. Así es el tiempo de cruel. Pero seguís derrochando esa energía bohemia, y nos invitás a olvidarnos de que el día siguiente es lunes. Al fin y al cabo, como vos decís, mañana es solo un adverbio de tiempo.
Tenés un carisma magnético, y hablás de manera elocuente y sincera. Te dirigís a una multitud de más de quince mil personas y aún así tus historias se sienten como un ejercicio de intimidad fraternal. Nos tenés en el bolsillo. Y luego comenzás a cantar de nuevo y terminás de ganarte mis buenas vibras por que me dejás cantarle a mi novia al oído que no hago otra cosa que pensar en ella y que menos su vientre todo es confuso.
Aún después de más de 30 años de carrera seguís dejando testimonio de tu orgullo por nacer en el mediterráneo, aunque esa canción ya dejó de ser tuya hace mucho y ahora es de todos aquellos que, como vos, derrochan amor por la tierra que les vio venir al mundo. Quizás por eso ya casi no la cantás, dejás que sea esta multitud en éxtasis la que recorra las líneas de la hermosa letra, vos solo te unís en los coros y también para poner fin a la explosión que significa aquella interpretación. Te despedís pero el público no va a permitir que te vayás así sin más, y no una si no tres veces regresás al escenario aclamado por el gentío. Todos te gritan sugerencias de canciones, pero es imposible complacerlos cuando tu repertorio ronda ya los 600 temas, y claro algunas se quedan fuera, qué le vamos a hacer, son aquellas pequeñas cosas.
“Déjenlo todo” – decís – “Háganse artistas. Ya verán… ¡ya verán el hambre que pasarán! Pero después es grandioso” – agregás. Y justo en este momento de mi vida siento esas tus palabras como mías: Se hace camino al andar, categórica sentencia sacada de un poema que una vez hiciste canción, brindándole el don de la inmortalidad.
Luego se acabó la fiesta y ya no salís más. En un reflejo de resignación la gente comienza a despejar el área del concierto. Vamos todos embriagados de tu música y tal vez con un poco de enfado por que el recital no duró toda la noche y vos, probablemente para irte a vagabundear por ahí, nos despachaste a casa poco antes de que dieran las 10.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
El teatro independiente popular y la invención de la identidad nacional
En el ejemplo anterior están delimitadas algunas de las características de la idiosincrasia tica. Pero además se ve cómo a ese manejo se le agrega un elemento eficaz de control ideológico: la representación teatral. Pues ¿qué mejor manera de hacer sentir a ese niño moreno el amor por la patria que ponerlo en los mismos zapatos de Juan Santamaría? ¿Qué mejor forma de enseñarle al público (y especialmente a los niños y a las niñas) los valores cívicos que como costarricenses debemos poseer?
En efecto, el teatro, como bien lo define Agusto Boal, está muchas veces al servicio de los intereses de una clase dominante que intenta establecer una ideología oficial, la cual ha de ser aceptada por quienes habitan el país. Es en muchas ocasiones, como los libros de texto en las escuelas, un mecanismo moldeador de pensamiento.
¿Pero acaso no existe una escena independiente – popular en el país? La respuesta a la pregunta es afirmativa, aunque no del todo consolidada o al menos no fuerte dentro del repertorio de la cartelera nacional. No deja de ser cierto, por ejemplo, que obras de corte chabacano y ligero, atraen más público por fin de semana que otras en donde se intenta hacer un análisis crítico de la sociedad y de los conflictos humanos.
El teatro independiente nace para oponerse a la “interpretación oficial de la cultura teatral” (Thenon, 1996. Pág. 143). Y por esto, afirma el autor recién citado, es perseguido y acosado por la estructura gubernamental. Muchas veces esa persecución es algo solapada, como por ejemplo lo que se hace al no darle a este movimiento los recursos necesarios para subsistir y poner en concreto sus puestas en escena. Esta situación obliga a muchos de estos grupos a desaparecer o ajustarse a las condiciones, sacrificando los contenidos de sus obras para poder comer.
Ya lo había dicho Boal: “las élites consideran que el teatro no debe ni puede ser popular” (1982. Pág. 15). De ahí la marcada marginación que este movimiento ha sufrido en una sociedad como la nuestra, en donde los procesos de lucha social no han sido tan marcados como en otras latitudes latinoamericanas, como en Argentina o Brasil. La imagen de Costa Rica que principalmente los políticos liberales empezaron a crear a finales del siglo XIX y comienzos del XX es “una construcción cultural que se resiste a desaparecer” (Molina, 2003. Pág. 2). Entonces, y dado que, siguiendo a Thenon, el teatro independiente es una implicación social, quizá la configuración que posee la sociedad costarricense ha terminado por hundir al movimiento del teatro independiente – popular en la marginalidad de la escena tica.
En el contexto nacional, la experiencia de los movimientos de teatro independiente popular también va en ese sentido. Así por ejemplo, vemos el caso de la experiencia de la Asociación Cultural Giratablas, la cual fue en sus inicios un teatro con características populares y que ahora se ha convertido en promotor de actividades teatrales de este tipo: “Giratablas se ha motivado en la idea de que el artista también es parte de una red de interacciones sociales, que reelabora lo que percibe y siente, procesando su imaginación creadora con los impulsos sensibles que se entorno social le genera” (Protti, 2004. Págs. 3- 4). Entonces cabe la pregunta: Si el teatro independiente – popular es dependiente a su vez del entorno social que lo cobija ¿será la sociedad costarricense incapaz de generar la motivación suficiente para que un teatro con las características del independiente – popular se desarrolle? De acuerdo a la experiencia del Teatro Giratablas, el entorno social costarricense no genera entonces los suficientes estímulos para que se desarrolle y consolide un movimiento teatral independiente e identificado con una perspectiva popular. Revertir esa situación en el contexto de nuestra sociedad es quizá una tarea enorme, por cuanto existe un fuerte y arraigado ideal del “tico” en la conciencia de casi todas las personas costarricenses (una imagen que además se exporta fuera de nuestras fronteras). Si se sigue a Boal y concordamos en que el teatro popular promueve la desalienación, la lucha contra la explotación y la lucha de clases, entre otras cosas, se entiende entonces el por qué este movimiento teatral representa una amenaza para el statu quo que ha sido establecido a lo largo de la historia costarricense por la elite política del país, comenzando desde el proyecto liberal del siglo XIX y terminando con las políticas neoliberales de los gobiernos de la actualidad, y el por qué de su carácter marginado en la sociedad costarricense.
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Bibliografía:
Boal, Augusto. (1982) Técnicas Latinoamericanas de teatro popular. México. Editorial Nueva Imagen.
Molina, Ivan. (2003) Identidad nacional y cambio cultural en Costa Rica durante la segunda mitad del siglo XX. San José. Editorial de la Universidad de Costa Rica.
Protti, Giancarlo. (2004). La Asociación Cultural Giratablas a sus 11 años. En: Espacios. No. 9.
Thenon, Luis. (1996) La memoria y el olvido. Del teatro de la colonia al movimiento del teatro independiente. 1610 -1950. San José. Impresora Obando.
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