domingo, 22 de octubre de 2017
Como el título de una película de Isabel Coixet
martes, 6 de diciembre de 2016
No se huye de Montréal en primavera (fragmento)
martes, 9 de febrero de 2016
El alcalde y el obelisco
domingo, 26 de abril de 2015
Enchilada de papa
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Como los pasillos de Kubrick
lunes, 17 de marzo de 2014
El periodo azul
Yo nunca hablaba de Jazmín para no molestar a mis amigos y ese día me di cuenta de que en realidad eso era lo que los tenía inconformes, el que yo me sumergiera por largas horas en la internet o en las bibliotecas públicas sin buscar verdadero apoyo, el que dedicara mi vida a una infructuosa búsqueda que me alejaba de hablar de mis sentimientos. Cuando uno está inmerso en algo así uno sabe que está obrando mal pero aún así evita detenerse porque sabe que hay una inmensidad de tristeza a la cual hacer frente, como en "los pobres a orillas del mar", de Picasso. Los tres individuos tienen las caras agachadas, y atribulados evitan voltear a ver el océano. Alguna mierda así.
No sé, me llamarán terco pero yo sí aprecio la experiencia que esta búsqueda trajo consigo. De cierta forma fue mi retribución hacia Jazmín, que nunca dejaba de hablar de los "maestros", como si de veras los hubiera conocido, como si hubiera estado ahí durante la severa depresión de uno o la adicción a la heroína del otro. En fin, era una de sus tantas cosas a las que, lo sé ahora, no les di la importancia debida. No era mi intención buscar redención, sigo sin creer en esas cosas. Más bien intentaba yo reconstruir esa atmósfera que ella siempre quiso compartirme y que yo consideré superficial o incluso caprichosa, aunque evidentemente tomé los caminos equivocados.
O tal vez no.
Es cierto, nunca logré encontrar la relación directa entre una cosa y la otra, pero sí descubrí que se complementaban perfectamente. Por ejemplo no me cuesta nada imaginar a la "mujer melancólica" sentada ahí junto a esa ventana escuchando "Blue Room" una y otra vez sin cansarse, consumida por el azul envolvente y la melodía sinuosa. Así como a menudo le ocurría a Jazmín, o incluso a mí tiempo después de su partida. Recuerdo que durante mi frenética investigación escuchaba "Bluing" sin parar, hasta que un día descubrí que al final de la pieza (hay que prestar mucha atención) Art Blakey sigue tocando a pesar de que los demás se han detenido y se puede escuchar a Miles decir "You know that ending man, let's do it again" y la verdad no lo volvieron a hacer, el LP quedó grabado de esa forma, con ese maravilloso testimonio de la improvisación artística, sin segundas oportunidades. Entonces era fácil imaginar a Pablo decirle al tal Casagemas, su amigo querido "¿sabes qué viejo? ¿Ese final, en el que te matas? Intentemoslo de nuevo, de otra forma", pero no sucede así porque no se puede cambiar el pasado y además el periodo azul nunca habría existido y Jazmín no habría encontrado excusas para quedarse por horas contemplando "la sopa" mientras esperaba que el efecto de la sobredosis de pastillas fuera más fuerte que las ganas de escuchar la trompeta de Miles hacer estragos sobre el tocadiscos.
viernes, 20 de septiembre de 2013
Regina Spektor comiendo pollo frito en el bus.
Y luego pude haber cerrado los ojos inmediatamente pero en lugar de eso los dejé abiertos unos cuantos segundos más. Son de esos impulsos raros que tiene la vida, inexplicables para mí. Es una sútil traición de la voluntad, un desplante psíquico, una malacrianza sensorial. Llámese como se llame, pude presenciar cuando todo se salió de control: La señora del pollo estaba enfrascada con los últimos huesos. Fue tanto su afán por lograr una equidad en la repartición que al halar una parte de la otrora criatura viviente, un pedazo de la piel fue caer justo sobre el zapato izquierdo de uno de los muchachos. La piel era un derroche de grasa y resbaló lentamente, como una babosa cuando le tiran sal encima y decide arrastrarse para salvar su vida. La discusión arrancó de inmediato: el atacado con el misil grasiento estaba ofendidísimo y lanzaba improperios a la pobre señora, quien, enjuta, se debatía entre reírse o preocuparse por la reacción del muchacho. La niña estaba asustada y había dejado de comer. El pre-adolescente seguía masticando ruidosamente con la boca abierta, aunque más lentamente, con mirada calculadora. Mientras tanto la Spektor escuchaba voces en su cabeza y yo pensé en ella. La imaginé en un autobús allá en la lejana Moscú, no con nueve años apenas sin saber en qué rayos le afectaba la bendita perestroika, si no ya mayor, con sus treinta y tantos encima, y preocupada por no tener muchos rublos en la cartera, con el hambre rebotándole en los nervios, comiéndose una porción de pollo frito bajo la mirada estricta de los demás pasajeros, enjugando la grasa que le baja hasta los codos: Feliz. Así que me dio tanta rabia que me levanté y sí, lo hice, llegué hasta donde el tipo que se molestó por la interrupción de su desahogo, tomé con mis manos el trozo de piel de pollo y sí, se lo restregué en la cara como si estuviera borrando una respuesta incorrecta en un examen. Aquello fue la peor ofensa, el otro se me vino encima, la mayoría de los golpes mal calculados, zafarrancho total, escándalo. El olor a grasa reciclado más penetrante que nunca. Después lo que ustedes ya saben, el chofer (y luego la seguridad) me obligan a bajarme del bus, yo reclamo, que miren que es el último bus para el pueblo, que miren que yo me quedo tranquilo, que miren se estaba burlando de la señora, que miren ustedes son unos malparidos. Nada que hacer.
Logré que me vendieran la última porción de pollo que quedaba antes de que cerraran la parada.
jueves, 2 de mayo de 2013
Como la voz de la Bardot.
No sé si estaría orgulloso. Lo que sí sé es que todavía hablaríamos de la Bardot, y así como te lo digo a vos también se lo hubiera dicho a él: A mí lo que me encantaba era su voz. Sí, sí, esa voz, qué bárbara. Yo sé que no me creés, ni siquiera me lo tenés que decir, pero es muy cierto. Para mi ese era su mayor encanto. Por ejemplo, en “el desprecio” de Goddard, cuando llama a Paul – Paul, vien ici!- y el imbécil de Paul que iba, pero es que, decime vos, ¿quién se va a resistir a esos tonos como de flauta dulce? Ah, y después cuando a la tipa le dio por cantar ¡santísima! Como en aquella canción que no recuerdo el nombre pero que al final ella decía muy sugerente: plus fort, oh oui, plus fort!
lunes, 11 de febrero de 2013
Aroma de asesino*
Fue difícil armarme de valor para salir de mi escondite y dejar aquella escena de espanto. A mi corta edad tuve que enfrentarme al asesinato de mi familia y luego a la cruda realidad de la calle. No sabía yo nada de esta, y eso me costó sufrimientos extremos durante los primeros años. Especialmente el hambre era algo horrible, inimaginable. Fue más el instinto que otra cosa el que me ayudó a descubrir que dentro de las bolsas de basura podía encontrar algo de comer. No siempre en buen estado, nunca de la mejor calidad, pero comida al fin y al cabo. Con el tiempo aprendí observando a otros también destinados a la calle el delicado arte de mendigar por alguna cosa medianamente comestible.
Comenzamos a patrullar juntos las calles en una sociedad que nos daba buenos resultados. Así pasaron los años hasta que fortalecidos por la edad y por el crecimiento de nuestros cuerpos decidimos ampliar nuestro radio de acción en busca de mejores condiciones y, sobre todo, más lugares donde conseguir comida.
No había cambiado mucho, no podía existir manera en que el muy desgraciado pudiera disfrazar su horripilante olor: penetrante, ácido, corrosivo. Exploté internamente de nuevo, pero esta vez la madurez me permitió actuar con mente calculadora. Evalué mi situación: ya había alcanzado un tamaño considerable así que la lucha sería pareja. No había muchos automóviles cerca puesto que era una calle poco transitada. Y sobre todo, el tipo estaba desprevenido, con la guardia baja. Justo como lo quería encontrar. Mi compañero intuyó la bronca y se retiró despacio, sin chistar. Esto no le concernía. Arrastró sus cuatro patas lo más lejos y lo más rápido posible.
Yo por mi parte emprendí la carrera y ni siquiera ladré para avisar de mi ataque. Salté lo más alto que pude y hundí mis colmillos gastados en su cuello, que se iba desangrando mientras la gente alrededor gritaba desesperada que se lo quiten, que le quiten a ese perro de encima, que lo está matando.
sábado, 24 de noviembre de 2012
El escrinauta
martes, 28 de agosto de 2012
Principio de economía
Día C.
¿Saben lo que es tener conciencia de algo c o m a poder pronunciarlo c o m a poder visualizarlo perfectamente y aún así no poder escribirlo? Por ejemplo c o m a en este momento voy a abandonar el teclado y gritar la palabra c o m a: ******* y ustedes ni se han enterado. Nunca se enterarán. Nos hemos convertido en el perfecto ejemplo de la frustración punzante.
Día D.
Mi amigo Glenn y yo hemos intercambiado por el skype algunas elucubraciones teóricas acerca de la situación actual c o m a aunque más valdría decir que últimamente él se ha limitado a leer las mías (dice ya no tener muchas ganas de escribir el muy derrotista). En fin c o m a siguiendo a Ockham (ya saben c o m a pluralitas non est ponenda sine necessitate) habríamos de postular c u a t r o posibles hipótesis todas relacionadas c o m a de las cuales sin embargo tendríamos que eliminar las que c o m a aunque completas c o m a añadieran a la discusión un nivel de complejidad mayor. Así pues c o m a si aceptásemos (tal como lo dicta la convención social) la existencia de un dios "X" c o m a un ser omnipotente c o m a podríamos entonces cotejar:
- El dios X decidió descargar su furia contra la humanidad de manera lenta y cruel c o m a a través de la eliminación paulatina de la palabra escrita.
- El dios X es un ente perverso que disfruta descargando su furia contra la humanidad de manera lenta y cruel a través de la eliminación paulatina de la palabra escrita.
- El dios X es un ente perverso que disfruta descargando su furia contra la humanidad de manera lenta y cruel a través de la eliminación paulatina de la palabra escrita c o m a para lo cual ha encomendado a una legión de seres menores para que manipulen a su antojo las mentes de las personas.
- El dios X es un ente perverso que disfruta descargando su furia contra la humanidad de manera lenta y cruel a través de la eliminación paulatina de la palabra escrita c o m a para lo cual ha encomendado a una legión de seres menores para que manipulen a su antojo las mentes de las personas punto y c o m a estos seres provienen de lugares remotos del universo en donde ha sido posible desarrollar el arte del entendimiento abstracto c o m a las habilidades telepáticas c o m a la supresión de emociones c o m a la invisibilidad de cada partícula subatómica de algunos cuerpos etéreos.
De lo cual inferimos c o m a por principio de economía c o m a que el primer postulado ha de ser el verdadero ya que no incluye variables que puedan poner en duda su validez. O bien c o m a podemos simplemente decir que no existe el tal dios X y que entonces la incertidumbre nos va a cagar la vida. No sé c o m a da igual supongo. Me aburro como una ostra.
Dia E.
La gran mayoria hemos ya abandonado cualquier intento de resistencia futil han desaparecido tambien las tildes y ya no buscamos remedios para el uso de signos de puntuacion nos imaginamos simplemente que estamos leyendo algo de Saramago. El uso de los puntos como se ve aun es aceptado pero ha acabado por estar sobre utilizado y lo de las c o m a s ha caido en completo abandono por pura pereza mental razon por la cual dicho sea de paso la raza humana va a terminar devorada por el monstruo del auto olvido. Glenn no se ha vuelto a conectar.
Dia F.
Yo no creo que como sugirio Glenn (estuve leyendo algunos correos viejos) todo esto sea un caso de neolengua pero de todas formas ahora que lo pienso el y su aficion casi fetiche por Orwell no le habria permitido ver mas alla de tal disparate. Llego a esta conclusion porque simplemente no se atisban por ninguna parte principios de control politico sino mas bien una especie de aleatoriedad antojadiza un juego de dados cosmologico una sucesion de caprichos virales s i g n o d e i n t e r r o g a c i o n o de virus caprichosos s i g n o d e i n t e r r o g a c i o n En fin que su teoria no tiene pies ni cabeza no en vano y probablemente sin darme cuenta nunca le preste la atencion debida aunque se que a el le habria encantado que nos enfrascaramos en nuestros tipicos duelos argumentales. A nivel general la situacion es ya insostenible y a muchos nos duele que la evolucion de la cuestion sea tan lenta prefeririamos estar presentes para cuando todo se acabe debe ser ese afan humano por ser siempre testigos de los eventos de gran importancia aunque estos signifiquen nuestra propia exterminacion.
dia g.
por lo visto las palabras y signos escritos con anterioridad al incidente permaneceran aunque no podria asegurarlo con certeza. hoy he visto por primera vez desde hace muchos dias a traves de la ventana y descubri los viejos rotulos de las calles aun en su forma original y me ha entrado una nostalgia tremenda que tonto. ahora que lo pienso la mayor estupidez es que yo no hubiera llegado a esta conclusion antes teniendo este remedo de diario a la mano estoy perdiendo agilidad mental seguramente. desconfio de mi mismo que cosas no nos han robado las letras nos han robado la ingenuidad.
dia h.
la ultima vez olvide mencionar que habian desaparecido las mayusculas.
dia i
senores la confusion es terrible la gran mayoria ha optado por claudicar nos enfrentamos a fuerzas mas alla de nuestra pobre comprension somos seres insignificantes muchos hemos llegado a aceptarlo a pesar de nuestros antiguos suenos de grandeza ahora desbaratados por el mazo de la imposibilidad los p u n t o s han desaparecido y ya no se sabe donde comienza una cosa y donde termina la otra
miércoles, 18 de julio de 2012
Una joven abogada como usted
martes, 15 de febrero de 2011
Las artimañas de Lucencio*
En la cocina, descubrió la nota que Pietra le había dejado en el refrigerador: “Papi, me fui para el campamento. Nos vemos el lunes. Te amo. Pietra”. Por enésima vez, frunció el seño. Campamentos le llaman a esos retiros en donde un montón de adolescentes cachondos tratan durante todo el fin de semana de meterse en los pantalones de su hija. Pero en fin, con todo el asunto del divorcio de por medio, no le quedó de otra que darle permiso a su retoño y apuntar a ganarse unas cuantas simpatías. Y ¿ahora qué dices a eso, Natasya Ivanovna, ex esposa del infierno?
A las 10 y 13 minutos se acercó a la sala de televisión y encontró una segunda nota de Pietra sobre la mesita de centro. “Papi, esta es la peli que te dije que vieras. Cuando vuelva la comentamos. Te amo. Pietra”. Ese cuando vuelva la comentamos significaba nada más y nada menos que un mami ya la vió conmigo y me dijo que le había gustado. Echó un vistazo a la carátula: “10 cosas que odio de ti”. – Solamente el título podría encabezar la lista – pensó. Y de inmediato preparó el reproductor de DVD.
A las 12 en punto Vassily estaba alteradísimo, maldiciendo los nombres que iban rodando hacia arriba en los créditos finales por haber profanado la obra de Shakespeare y a su fierecilla de una manera tan atroz. Las artimañas de Lucencio reducidas a un ligero drama adolescente de pacotilla. A las 12 y 3 minutos el teléfono sonó.
- Vamos Manilof – le dijo a su compañero con algo de sorna – algún caso podréis resolver sin la necesidad de mi ayuda.
- No este, Vassily, no este – le respondió Manilof en un tono grave, gravísimo – Tu nombre está escrito a lo largo de todas las paredes del colegio.
A las 12 y 43 minutos Vassily estacionaba su auto en una zona verde de los terrenos del Colegio San Gregorio, como tantas veces lo había hecho al pasar a recoger a Pietra. Ahora la escena era una policial: cintas amarillas, sirenas, radios, hombres uniformados, gente asustada. Vassily, enfundado en su clásico impermeable amarillo, bordeó el caos y se adentró en el viejo edificio.
Su nombre, en efecto, estaba escrito a lo largo de todas las paredes. Manilof, agitado y sudoroso como siempre, lo puso al tanto. Los testigos afirmaban que un hombre había ingresado al colegio, fuertemente armado. Por ser fin de semana, sólo estaba allí un pequeño grupo de alumnos y un profesor guía, se disponían a partir de campamento. El hombre armado tomó a tres rehenes, y ordenó a los demás salir de las instalaciones. Algún alboroto se armó adentro mientras los ahora liberados llamaban a la policía. Cuando esta se hizo presente, el perpetrador había huido con sus prisioneros, aún no identificados por culpa del alboroto. Vassily agudizó la vista y notó que cada graffiti con su nombre se iba haciendo más pequeño conforme se adentraba en los pasillos del colegio. – Es un camino – le dijo a Manilof mientras comenzaba a seguir la pista. El último graffiti estaba escrito al lado de la vitrina de trofeos del colegio, no era más grande que una hoja de cuaderno. Mirando a ambos lados para asegurarse de que no hubieran más personas que él y su compañero, pateó con fuerza el cristal que protegía las reliquias, y sobre uno de los platones de oro, encontró una nota dirigida a él: “Sobre esta piedra edificaré mi venganza. Nosdriof.” – Tiene a mi hija – dijo Vassily con un nudo en la garganta.
- Nosdriof – explicaba Manilof poco después a los patrulleros que le acompañaron a seguir el rastro del maleante a través del patio trasero del colegio y posteriormente en las calles aledañas – era el antiguo compañero de Vassily. En algún momento desvió el camino, y se involucró con tráfico de drogas y de armamento. Vassily le descubrió, y lo delató. Ya lo conocen, él es todo un Serpico moderno – los oficiales, algo jóvenes, no entendieron esta referencia y miraron con extrañeza a Manilof. Él continuó, algo indispuesto – En fin, en el juicio se declaró culpable, y alegó que todo lo hacía para sacar adelante a su hijo, su única razón de existir. El jugarse la carta del “pobrecito” le sirvió, le redujeron la pena, pasó varios años en la cárcel, y ahora parece que ha regresado y quiere venganza.
A la 1 y 21 minutos la policía encontró los cadáveres de dos de los rehenes en un callejón aledaño a la Séptima Avenida. Se trataba de dos chicas de apenas unos 16 años, habían sido ajusticiadas con un disparo en la sien, una después de la otra. Pietra no estaba allí. El nombre de Vassily estaba escrito de nuevo en la pared de uno de los edificios adyacentes. En el piso, una nueva nota para él: “Encuéntrame en el lugar en el que me hiciste caer en desgracia. Si llegas antes de las 3 de la tarde, perdonaré la vida de tu hija y tomaré la tuya como pago. Si llegas después de esa hora, Pietra no verá la luz de otro día. Nosdriof. Pd: Nada de policías, llega solo o le meto una bala en la cabeza”. El recuerdo golpeó a Vassily con intensidad: las viejas bodegas detrás de la catedral, el plan, el traficante falso, la emboscada, el arresto, el juicio, los años de cárcel para su ex compañero. Y ahora esto. Una de las dos vidas iba cesar hoy si no pensaba con rapidez ¿la suya o la de su amada hija? ¿Qué haría Natasya Ivanovna? ¿Sacrificaría todo por que el fruto de su relación continuara viviendo? ¿Y por qué rayos ahora estaba pensando en la víbora? Entonces lo supo: -¡Cameron!- Exclamó - ¿Qué?- Respondió Manilof. – ¡Malditas películas!, no, no Cameron – replicó Vassily - ¡Lucencio!- ¿Quién demonios es Lucencio?- interrogó Manilof. Pero no obtuvo respuesta. –Debo irme ahora- dijo el detective - ¿A las bodegas?- asumió Manilof. –No, debo hacer primero una parada importante – dijo Vassily, alejándose. Mientras se enjugaba el copioso sudor, Manilof pensó que su colega acababa de perder la cordura. ¿Qué podía ser más importante que la vida de su hija? En el auto Vassily metió el pie en el acelerador y rogó porque no fuera demasiado tarde.
A las 2 y 49 minutos Nosdriof observó en la oscuridad a Vassily acercándose al centro del galerón abandonado. Desde la plataforma en la que se encontraba junto a Pietra era imposible ver su rostro con la débil luz, pero el inconfundible impermeable amarillo le dio seguridad. El miedo, en todo caso, se le notaba a leguas.
- Puntual como siempre – dijo con sarcasmo Nosdriof.
- Deja ir a mi hija, cumple lo pactado – respondió Vassily. Su voz se escuchaba lejana, como proveniente de un pasado doloroso.
Nosdriof se tomó su tiempo y bajó la plataforma arrastrando del brazo a la hija de su enemigo. Esta llevaba la boca vendada, y hacía vanos intentos por soltarse. Había estado llorando por montones. Después de un tiempo que pareció eterno, ambos hombres se encontraron frente a frente, a una distancia prudente. La penumbra era indescriptible, pero los ojos se iban acostumbrando.
- Tira todas las armas – ordenó Nosdriof.
Dos semi automáticas rodaron por el suelo. En un par de finos movimientos, Nosdriof arrancó la venda de la boca de Pietra, y le propinó un golpe en la parte trasera de la cabeza, dejándola inconsciente.
- Es un pequeño favor ¿sabes? Seguro que no querrá ver morir a su padre- dijo, con tremendo resentimiento – Y ahora – prosiguió- nos pondremos cara a cara para que mi sonriente rostro sea lo último que mires mientras te... Nosdriof se detuvo en seco, algo estaba mal. Se acercó más, y sus ojos se hicieron grandes como pelotas.
- ¿Pyotr?-dijo con incredulidad.
- Lo siento, yo… - respondió la otra persona.
- ¿Hijo?, pero ¿qué haces aquí? – Interrogó Nosdriof, con un dolor en el alma.
- Es lo mejor – resolvió Pyotr, y de inmediato el ex convicto sintió el pesado golpe del acero sobre la nuca. Cayó al suelo, y mientras el arma se escapaba de sus manos, entornó la vista. Ese que lo reducía, ese que ahora le ponía las esposas, que le decía sus derechos, era Vassily: había aparecido de la nada. Pyotr, de pie, impotente y ahogado en llanto solamente atinaba a repetir “lo siento, padre, lo siento, es por tu bien”.
–Hiciste lo correcto- le dijo poco después Vassily a Pyotr- salvaste muchas vidas hoy, la de tu papá incluída. – ¿Sabe lo difícil que es –respondió el joven- tratar de ser el héroe que tu padre nunca fue? Vassily no respondió. Vassily no lo sabía. Pyotr, cansado de esperar respuestas, le devolvió el impermeable amarillo y se alejó caminando bajo la lluviecita que comenzaba a caer.
- Eres tan inteligente, papi, ¡me salvaste! – Decía Pietra en el auto, camino a casa.
- Corazón, agradécele a Lucencio por su inspiración.
-¿A quién?
- Muy bien, muy bien –resopló Vassily – agradécele a Cameron…
- Papi, ¡viste la película! ¡Eres lo máximo!
“Toma eso Natasya Ivanovna”, pensó el detective en sus adentros.
Cuando Vassily se levantó algo atolondrado aquella mañana particularmente ventosa, jamás sospechó ni por un segundo que aquel día podría ser el de de su muerte. Y afortunadamente, no lo fue.
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* Cuento ganador del segundo lugar en el Décimo primer Concurso de Cuento Corto de 89decibeles.com
jueves, 6 de enero de 2011
Señales*
Sin embargo y a pesar de conocerla tan bien yo mismo experimenté una sensación extraña cuando me comentó su descubrimiento. Lo hizo con un tono sombrío que me provocó un escalofrío tan intenso, que aún hoy en día lo recuerdo perfectamente. Traía en su mano el periódico que su madre leía habitualmente. Me citó en el parque que queda cerca de su casa y que normalmente está desierto, básicamente por la falta de atractivos para cualquier mortal sobre la faz de la tierra (una mala administración pública, lo sé). De a poco el tono sombrío fue cambiando hasta convertirse en un frenesí, mientras Valeria pasaba las páginas del diario, señalándome lo que según ella eran pruebas inequívocas de la existencia de un mensaje oculto que se formaba con las primeras letras de todos los titulares de ese día. Yo por supuesto, y a pesar de la sensación incómoda, le seguí el juego, como siempre que ella traía a colación alguna de sus teorías sobre conspiraciones o fenómenos paranormales.
- Mae, y ¿qué dice el mensaje? ¿Nos van a invadir o algo así?
Sus ojos se abrieron mucho al escuchar mis palabras y casi podría decir que mi amiga se veía aterrada. Comenzó a pasar las páginas de nuevo, esta vez señalándome su descubrimiento, letra por letra, hasta que en una especie de susurro completó la frase que, en una asombrosa casualidad, se formaba:
3S LA H0RA DE PREPARAR EL CAM1NO.
Siempre fiel a mi espíritu escéptico, la intenté convencer de que aquello no sería más que una interesante anécdota para compartir en la próxima mesa de tragos, pero ella esta vez estaba tan empecinada que incluso terminó por mandarme al carajo ante mi falta de credulidad en su teoría.
Algunos días después me llamó por teléfono, prácticamente ignorando que me había mandado sin ningún rodeo a comer mierda. No me saludó siquiera, se le escuchaba sumamente alterada y hablaba muy rápido, ya que según ella, nos podían estar escuchando. Me soltó un rollo acerca de una preparación para un camino que traería a unos seres del espacio exterior, seres que vendrían a conquistar la raza humana y el planeta entero. Dijo que había personas acá que les estaban ayudando, una especie de infiltrados, traidores, les llamó. Todo esto, afirmó, lo había averiguado leyendo los periódicos de los últimos 3 años, los había conseguido en la biblioteca de la U, había pasado horas estudiando las “comunicaciones”. Luego colgó, diciendo que pronto me llamaría con nuevos “resultados”.
Eso, en todo caso, nunca sucedió. Me refiero a la llamada. Pasaron casi dos meses en que ninguno de nosotros supo nada en absoluto de Valeria. La dejamos de ver por completo. Ya muy preocupados, y después de varios intentos y miles de mensajes en su celular y en el muro del Facebook, logramos contactarnos con su madre. La señora estaba sumamente preocupada. Nos relató en medio de un amargo llanto que su hija tenía más de 40 días de estar encerrada en el cuarto. No salía del todo, y comía apenas un poco de lo que ella le dejaba en la puerta, último recurso al que apeló al ver que Valeria no abandonaba su fortaleza. Subimos tres de sus amigos más cercanos a su cuarto, esperando que entrara en razón. Pero no obtuvimos respuesta de ella, excepto por un papelito que deslizó por debajo de la puerta:
“Es demasiado tarde, se han apoderado ya de las redes sociales”.
Convencimos a su madre de llamar a profesionales en la salud mental. Así que un viernes por la tarde, tumbamos la puerta del cuarto y la sacamos de ahí en medio de patadas y mordiscos. Se negaba a irse de aquel lugar que ahora parecía una especie de calabozo. El olor en primer lugar era insoportable, y las ventanas estaban completamente cubiertas, provocando una penumbra total. Pero lo más impactante fue ver sobre la pared, miles y miles de recortes de periódico; estos tapizaban por completo los muros. Estaban ordenados de manera sistemática y cuidadosa. Su computadora tenía miles de ventanas abiertas, extrañas páginas en Internet sobre teorías variadas, y había también miles de miles de notas escritas a mano, en el suelo y por todas partes.
Algún tiempo pasó Valeria en el hospital psiquiátrico, varias veces fuimos a verla y aunque la medicación la había convertido en un ser ausente, al menos había dejado de lado sus ataques paranoicos. Nunca más la escuchamos referirse al tema de nuevo. Cuando los doctores la consideraron estable, le permitieron regresar a su casa, con la condición de que debía de seguir con el tratamiento.
Ahora que lo pienso, es aún mucho más curioso pensar que en un día como hoy hace exactamente tres años Valeria desapareció por completo. Si bien su madre la tenía bajo un estricto celo, un día, muy temprano por la mañana, entró a la habitación para darse cuenta que su hija, nuestra amiga, ya no estaba. Nos llamó a todos, ninguno le había visto. Se dio aviso a la policía, a los medios. En la noche yo llegué a la casa para ayudar y apoyar a la madre de Valeria, que estaba a punto de un colapso nervioso. Registramos la casa buscando algo que indicara su paradero, pero no encontramos nada, excepto por una nota, la última nota que se conoce de Valeria. Había ido a parar debajo de la cama, la escritura era reciente y la letra temblorosa:
YA VIENEN.
..................* Cuento escrito hace un tiempo, apenas para inaugurar el 2011.
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