martes, 9 de diciembre de 2008

Caricias censuradas*

Como parte de la celebración del Día Internacional de la No Violencia Contra la Mujer el pasado 25 de Noviembre, el Grupo Estudiantil Giratablas (GEG) recibió una invitación de parte del Poder Judicial para hacer una presentación del montaje que en ese momento se encontraba en cartelera: “Caricias” del dramaturgo catalán Sergi Belbel. Sin embargo, y en un muy lamentable arrebato moralista, esta invitación fue condicionada a suprimir una de las (de por sí) polémicas escenas de la obra.

En la famosa escena dos chicas (versión libre del GEG) se encuentran en una estación del tren, decididas a terminar su relación (¡ah, sí! son lesbianas…) Una de ellas insulta de manera cruda y malintencionada a la otra, acusándola de que su “coño” huele mal, y que esta es la razón por la cual su “amiguito” lo supo todo sobre ellas. He aquí un extracto del texto:

“Bueno, hay que reconocer que todos los coños huelen. Sueltan una pestilencia dulzona con un punto de fetidez, sólo un punto, por regla general. Lo que pasa con el tuyo es que… bueno, ahora que hemos terminado puedo decirtelo así, sin pelos en la lengua… el tuyo suelta un pestazo realmente insoportable. No es el típico olor a bacalao o pescado podrido de los coños sucios con regla, no. El tuyo es otra cosa. Es más agrio que dulce, es como una mezcla de amoniaco y carne putrefacta…”

Digo que la escena fue censurada en un lamentable arrebato moralista, a pesar de que en sí representa una de las formas de violencia más comunes hacia las mujeres: la violencia psicológica. El insulto sobre el olor de sus partes íntimas no es más que un esfuerzo por parte de uno de los personajes por destruir moralmente al otro. Eso es una realidad más que cotidiana, que ha intentado ser atacada por las nuevas leyes contra la violencia hacia las mujeres, leyes que han costado sudor y sangre a muchas personas. Así es, la violencia no es solamente física, tiene muchas aristas que deben ser discutidas y denunciadas de igual forma, tal como lo pretendía hacer el montaje del GEG.

La presentación se hizo, finalmente, con ese y otros cortes (debidos a problemas de horario de otras personas del elenco). Antes que un drama, nos parecía estar representando una gran farsa: ¿cómo podía existir una doble moral tan evidente? No era solamente el grave hecho de la censura artística (en qué siglo estamos, me pregunto) sino que, encima, cientos de empleados del Poder Judicial presenciaron el espectáculo sin comprender realmente lo que nosotros como grupo quisimos transmitir. Afuera, en los alrededores de la corte, una marcha de un numeroso grupo de mujeres reclamaba leyes más fuertes y el cumplimiento de las ya existentes para reducir la violencia social que les aqueja. Mientras me retiraba del lugar, no pude evitar mirarlas y pensar: “perdón, esta vez no pudimos ayudarles”.

* Fotografía por José Tenorio.

2 comentarios:

©hannibal dijo...

Hola

Te invito a que visites mi blog y te identifiques (si deseas) con un poco de poesía.
Una distinta, una sin prejuicios.

saludos
hannibal

José dijo...

Hola.

Gracias por la invitación, voy a revisarlo de fijo.

Saludos