martes, 7 de diciembre de 2010

A mis 30...

"I was thirty. Before me stretched the portentous menacing road of a new decade" F. Scott Fitzgerald, The Great Gatsby.

A mis 30 confieso que he vivido, y confieso que la frase anterior la robé de la autobiografía del gran Pablo Neruda, a quien siempre he admirado sin reservas. Confieso que hay algo de ególatra en los ejercicios autobiográficos, pero comprendo que al alcanzar una nueva década es inevitable ver las cosas en perspectiva (excepto a los 10, a los 10 se piensa en el cuarto año de la escuela, los carritos y el chavo del 8). Y hablando de la niñez, recuerdo que fui el primero de mi clase en aprender a leer y desde entonces siempre fui el primero de la clase, excepto cuando entré a la universidad y descubrí el gran circo que es la academia con las vacas sagradas enseñando en un salón de clase y los monigotes (también conocidos como "estudiantes") asumiendo poses intelectuales prefabricadas. Decidí entonces no ser partícipe de aquella divina comedia, la cual me tomó alrededor de 11 años de mi vida, y a pesar de que no me gradué suma cum laude como muchos de los obsesionados por los prestigios académicos, cuando subí a recibir el título de licenciado fui vitoreado por mi familia lo cual para mí es recompensa suficiente.

Dice la gente que yo soy demasiado bueno, y quizás en el fondo sea cierto. Debe de ser porque tengo una fijación con ser políticamente correcto y después de muchos años puedo decir que realmente no soy ni homofóbico, ni racista, ni machista, ni segregacionista. No soporto que cuenten chistes sobre nicas ni que llamen "perras" a las mujeres, y hablando de esto prefiero a los zaguates que los perros o gatos de raza porque me parecen más fieles y además tienen menos oportunidades en la vida. Quizás se deba esto a que yo mismo no soy de pedigree y tuve que trabajar duro toda mi vida para lograr las cosas que he alcanzado. De ahí viene quizás mi manía irrefrenable de corregir a la gente, aunque siempre lo hago de manera diplomática y constructiva, lo cual me ha salvado de perder unas cuantas amistades. Tengo un nivel de tolerancia asombrosa y a pesar de mi apariencia "buenaza" no soporto la caridad pues me parece más autocompasión que otra cosa, detesto las cosas superfluas y vanas como el gasto de dinero excesivo, el consumismo, la gente que tira basura en las calles, la falsa adoración a las estrellas de hollywood y a la realeza, la política, el fanatismo religioso, la literatura de autoayuda, el desenfreno navideño, la falta de identidad, las mentalidades conservadoras, las injusticias históricas, la cacería "deportiva", los reality shows, el reggaetón, los autobombos, el neoliberalismo, la desigualdad, el antropocentrismo... sí, tengo una tolerencia asombrosa.



La vida está hecha de etiquetas y yo tengo varias: actor, psicólogo, vegetariano, ambientalista, agnóstico, idealista fanático, saprissista por herencia, escritor en ciernes... Todas estas facetas me han permitido conocer gente y lugares maravillosos, y tengo tantas anécdotas como un veterano de guerra. A los 14 años me publicaron un cuento en la revista Tambor, y desde entonces no he parado de escribir. He tenido mis 15 minutos de fama varias veces y me temo que me he robado los de algunas personas que ya deben haberse quedado sin los suyos. He estado completamente desnudo en un escenario ante cerca de 3 mil personas. A mis 11 años un vecino vaticinó que yo llegaría a ser presidente de la república, profecía que afortunadamente nunca se cumplirá. Juro que he visto OVNIS sobrevolando el cielo en al menos 3 ocasiones, y que algún ente me procuró el susto de mi vida en la vieja casa de mi abuela en Palmares. Me asaltaron en 5 ocasiones en los alrededores de San Pedro, cosa que nunca volvió a suceder desde que me mudé de ahí hace varios años. Alguna vez besé a dos chicas en la misma noche sin que se dieran cuenta, o quizás deba decir, más de una vez... No soy sin embargo un don juan ni mucho menos. Antes bien soy algo tímido, y la infidelidad me causa severos ataques de culpabilidad. En una manifestación la policía me arrojó gases lacrimógenos y me salvé de pasar la tarde en una comisaría gracias a la milagrosa acción de mis piernas. Tuve una vez un fugaz paso trabajando para una línea caliente, y aunque me avergüenza decirlo, en otra ocasión estuve cerca de salir a vender cuchillos de última generación. Aprendí cómo dos personas se pueden hacer la vida miserable el uno al otro en un espacio de 200 metros cuadrados cuando estuve casado durante todo un año, dicho sea de paso, una de las pocas ocasiones de mi vida en las que me he involucrado en cuestiones en las que no creo. Al parecer siendo muy pequeño estuve muerto durante varios minutos al darme un golpe en la cabeza, hasta que mi mamá logró revivirme de una bofetada. Una vez le robé 20 colones a un amigo del barrio pero, ladrón inexperto, el nerviosismo me delató y me vi forzado a devolvérselos. Viendo el trabajo de mi papá solía construir pequeños juegos de sala que le regalaba a mi hermana para que jugara con sus barbies o a mis abuelas para que pusieran de adorno en sus casas. Con esto quedó agotada cualquier capacidad en mí de realizar manualidades, ya que tengo una motora fina bastante deficiente y mis manos son grandes y torpes. No en vano mis hermanos me apodaron como el "mano floja" luego de la inmensa cantidad de vasos y platos que quebré en la casa. Amo el teatro, las tablas y la actuación y no conozco en la vida otra cosa que me gratifique más a nivel personal, y desde pequeño soñé con dedicarme a ese mundo. Mi mamá en varias ocasiones me encontró disfrazado y con los muebles de la casa vueltos al revés porque yo "estaba haciendo una película". En cierta ocasión me negué a salir a saludar a un expresidente de la república, y desde que vi un video sobre el aleteo de tiburones decidí convertime en ovo-lacto vegetariano. Nunca desarrollé el mal hábito de la puntualidad. Solo he peleado a golpes en dos ocasiones y con la misma persona, forzado por la situación, ya que detesto la violencia y prefiero siempre las salidas diplomáticas. Estando en La Habana descubrí que uno se puede enamorar de una ciudad y de una mujer al mismo tiempo y con la misma intensidad.

Admito que aún me faltan muchas cosas por ver y hacer: leer más autores rusos y alemanes, ser backpacker en Europa, publicar un libro y dirigir una película, conocer absolutamente todos los rincones de Costa Rica, dominar la guitarra, aprender una o dos lenguas más, tatuarme, ver los gorilas de montaña en los Montes Virunga, presenciar las grandes migraciones en la sabana africana, pasearme por New York, realizar un viaje exótico por la India, Tíbet, Laos, etc., ir a un concierto de Pearl Jam, llegar a tener mil libros en mi colección personal, servirle el desayuno en la cama a mi novia, tirar la casa por la ventana para celebrar los 60 años de mi padre y los 50 de mi madre, comprarle una cama a mi gata, encontrar mi camiseta de woodstock 94, y, finalmente, encontrar el lugar en donde habrán de ser esparcidas mis cenizas.




4 comentarios:

Anónimo dijo...

Emotiva y sincera, una manera auténtica de entrar a los 30's, bienvenido al club!

José Morales dijo...

¡Gracias! Espero mi carné de identificación como miembro del selecto gremio.

Mujer de Maiz dijo...

Jaja, me hizo gracia lo de los cuchillos de ultima generacion, yo tambien anduve en esas hace unos 10 años mas o menos. Saludos!

José Morales dijo...

Creo que muy poca gente se salva de andar en esas, ya sea cuchillos, celulares, ollas...